Este punto de partida comparte un tono de fantasía oscura urbana que recuerda inevitablemente a propuestas como Remnant II o Darksiders, cambiando los páramos fantásticos tradicionales por una capital europea completamente deformada por el averno. A diferencia de otros juegos de disparos convencionales, Armatus construye su estructura alrededor de expediciones cíclicas a través de las ruinas de la ciudad, donde cada sector superado nos sumerge en escenarios cada vez más hostiles, monstruosos y retorcidos que ponen a prueba nuestra capacidad de adaptación.
Estructura roguelite y el bucle de resurrección
En lo jugable, Armatus adopta un bucle directo de tipo roguelite -un subgénero donde tras cada muerte perdemos el avance de la partida pero conservamos mejoras permanentes-, recordándonos a la exigencia y el ritmo de Returnal o Risk of Rain 2. Cada vez que caemos en combate, volvemos a levantarnos para iniciar una nueva incursión, utilizando el conocimiento adquirido de los patrones enemigos y los recursos obtenidos para llegar un paso más lejos. La muerte deja de ser un castigo definitivo para convertirse en una herramienta de aprendizaje con la que perfeccionamos nuestro estilo de lucha.
Durante cada intento o run -el término que usamos para definir una partida individual en este género-, debemos tomar decisiones rápidas respecto a qué mejoras pasivas y bendiciones celestiales incorporar a nuestro personaje. Este sistema de progresión nos permite crear sinergias entre las habilidades sobrenaturales y los atributos básicos, asegurando que dos partidas nunca se sientan exactamente iguales. Si bien empezamos fuertemente equipados desde el primer minuto, el objetivo es desbloquear talentos de nivel superior para hacer frente a oleadas demoníacas que crecen en agresividad y número.
Combate dinámico entre guadañas, armas de fuego y poderes celestiales
El sistema de combate de Armatus apuesta por la combinación fluida de armas de fuego y esgrima a corta distancia, un híbrido que bebe directamente de referentes como The Syndicate o los combates rápidos de Devil May Cry. En nuestras manos portamos siempre una guadaña cuerpo a cuerpo junto a un arma de fuego principal a nuestra elección, como subfusiles rápidos o escopetas contundentes. Debemos alternar entre el castigo a distancia y los tajos a quemarropa para controlar el espacio, encadenando disparos y cortes mientras esquivamos las arremetidas de las criaturas.
A este arsenal físico se suman las habilidades celestiales, poderes especiales que añaden un componente táctico decisivo a los tiroteos. Podemos desatar ráfagas de fuego sagrado para castigar a grupos de enemigos congregados o ralentizar el tiempo brevemente para zafarnos de situaciones críticas y apuntar a los puntos débiles. La clave radica en experimentar con combinaciones letales entre nuestro equipamiento balístico y la magia sagrada, transformando a nuestro guerrero en una fuerza capaz de abrirse paso a través de los horrores que pueblan el camino hacia la puerta celestial.


