Crimson Desert es un juego descomunal en lo jugable, hasta el punto de que durante las primeras horas el jugador está más aprendiendo que avanzando. El sistema de control es uno de los más complejos de la generación: decenas de botones, combinaciones, acciones contextuales y mecánicas que se superponen constantemente. Esta complejidad provoca cierta torpeza inicial, pero también permite una profundidad que pocos juegos del género alcanzan. El combate es un ejemplo perfecto de esta filosofía híbrida: en los enfrentamientos normales predomina un estilo
hack & slash rápido y espectacular, mientras que los jefes finales adoptan patrones y exigencias propias de un
soulslike. A esto se suman batallas multitudinarias al estilo
musou, donde cientos de enemigos llenan la pantalla y obligan a gestionar espacio, movilidad y habilidades. La mezcla funciona sorprendentemente bien, aunque también genera momentos frustrantes, como el combate contra las arpías del episodio 8, donde la mecánica de iluminar enemigos con combinaciones de L1 + R1 resulta excesivamente tosca y compleja para la situación en la que los enemigos son muchos y atacan sin cesar.
La exploración es uno de los pilares fundamentales del juego, y aquí Crimson Desert bebe directamente de
Breath of the Wild y
Tears of the Kingdom. Se puede escalar prácticamente cualquier superficie, lanzarse desde alturas extremas con una capa alada que conseguimos casi al comienzo, cocinar combinando ingredientes, resolver puzles ambientales y moverse por un mundo sin rutas prefijadas. La libertad es total desde el primer minuto, y el juego rara vez impone barreras artificiales. También incorpora elementos de
Monster Hunter en la combinación de recursos para obtener efectos, de
GTA V en el cambio de personajes en momentos concretos, y de
Assassin?s Creed en el sigilo y la conquista de zonas, aunque este último es uno de los sistemas menos pulidos del conjunto. La exploración no solo es libre, muy similar también a la de juegos como
Oblivion (con algunas misiones dignas del gran juego de Bethesda), pero también sigue siendo muy gratificante: siempre hay algo que descubrir, ya sea un secreto, un desafío, una criatura nueva o un evento dinámico.

Las misiones principales y secundarias presentan una variedad notable, aunque no alcanzan la calidad narrativa de títulos como The Witcher 3 o Cyberpunk 2077. Lo que sí ofrecen es una estructura muy diversa: plataformas, puzles, vuelo, combate, doma de monturas, desafíos del Abismo, búsquedas de tesoros, rescates, infiltración, asaltos a bases? La libertad para afrontarlas en cualquier orden es uno de los grandes aciertos del juego. Las misiones menos inspiradas, como cuando tenemos que tirar con arco o el mencionado combate contra las arpías, son algunas de sus excepciones que en consola se hacen injugable, y afortunadamente no es la norma. El mundo se siente vivo no por la inteligencia de los NPC, sino por la cantidad de sistemas que interactúan entre sí: clima, fauna, físicas, campamentos, facciones, economía, rutas comerciales y eventos que pueden aparecer en cualquier momento.

La progresión del personaje es otro de esos puntos que podría haberse mejorado y mucho. Kliff puede mejorar habilidades y aprender técnicas nuevas, pero la mayoría de ellas o no las vamos a usar o solo de forma puntual. Por otro lado, tendremos tantas cosas que aprender a realizar que no son habilidades, dominar armas específicas, cocinar recetas avanzadas, domar monturas únicas, desbloquear herramientas de exploración y obtener ventajas permanentes mediante objetos especiales. El ritmo de desbloqueo es constante, y el juego introduce mecánicas nuevas incluso después de decenas de horas. Esta evolución continua mantiene la frescura y evita la sensación de estancamiento que afecta a muchos mundos abiertos. Crimson Desert es un título que no deja de crecer, y esa capacidad para sorprender incluso a jugadores experimentados es una de las razones por las que su jugabilidad destaca por encima de la mayoría de RPG actuales.