Afortunadamente, cuando llega el momento de disparar,
Gears of War: E-Day sigue demostrando por qué la fórmula que inventó Epic Games hace casi veinte años continúa siendo una de las mejores del género. El sistema de coberturas mantiene toda la precisión y contundencia que caracteriza a la franquicia, mientras que la clásica
recarga activa sigue aportando una capa de habilidad muy satisfactoria durante los enfrentamientos. Los disparos tienen impacto, los enemigos reaccionan de forma convincente al daño y cada arma conserva una identidad perfectamente diferenciada. Es curioso porque algunos de los pequeños cambios introducidos funcionan muy bien, como la recarga dinámica que nos permite pulsar el botón en un punto para recargar con munición más potente, y que ahora nos muestra en algunas armas lo que estamos recargando (cartuchos uno a uno, o granadas por ejemplo), y hace de ese pequeño cambio algo más completo que el original, y nos vuelve a dejar la sensación de que todavía se pueden hacer muchas cosas.
La evolución más evidente aparece en la
inteligencia artificial. Los Locust son más agresivos y utilizan tácticas mucho más avanzadas que en entregas anteriores. Ya no se limitan a intercambiar fuego tras una cobertura, sino que intentan flanquearnos constantemente, utilizan granadas de humo para avanzar protegidos, coordinan ataques y obligan al jugador a cambiar de posición con frecuencia. Este pequeño cambio altera significativamente el ritmo de muchos combates y evita que el jugador pueda confiar siempre en las mismas estrategias. Los enemigos francotiradores demuestran tener una puntería mucho mayor, letal con una sola bala especialmente en niveles más avanzados de dificultad (tiene 4 por defecto), y te hacen tener que moverte con más asiduidad y también le aportan un detalle más interesante al saber incluso cuándo van a disparar con un pequeño ruido de arma, lo que aporta una mecánica adicional a las zonas donde están estos enemigos.

The Coalition también ha intentado introducir algo más de variedad mediante zonas semiabiertas y misiones secundarias opcionales. Sobre el papel parecía una evolución interesante, pero en la práctica estas actividades suelen resolverse mediante pequeños enfrentamientos contra grupos de enemigos sin demasiada complejidad adicional. No llegan a estorbar, pero tampoco aportan el salto de calidad que cabría esperar de una propuesta que pretende ampliar los límites de la saga. En general, las mecánicas funcionan muy bien, pero la mayoría de los cambios son refinamientos sobre una base conocida más que auténticas novedades. Y es que hay una sensación que dura todo el juego; el juego da para mucho más, pero que han decidido irse a por lo seguro. Incluso en Gears 5 se intentaron nuevas cosas, algunas con más acierto que otras, pero la realidad ha sido
ofrecer lo que sabemos que funciona, que no es para nada malo, pero pasas muchas horas con la sensación de que ya has estado aquí.