Halo Campaign Evolved vuelve a demostrar por qué la aventura original de Bungie cambió para siempre la forma de entender los shooters en consola. Más de dos décadas después de su lanzamiento, la campaña sigue manteniendo un ritmo excelente gracias a una estructura muy directa, donde prácticamente todo gira alrededor de avanzar, combatir, descubrir nuevos escenarios y seguir la historia de
Master Chief y
Cortana. No hay árboles de diálogo, no hay sistemas complejos de progresión, no hay puzles especialmente elaborados ni mecánicas modernas que distraigan del núcleo de la experiencia. Es un juego que sabe exactamente lo que quiere ofrecer y que continúa siendo tremendamente divertido gracias a ello.
La campaña principal mantiene intacto gran parte de su impacto original. La llegada al anillo Halo, el descubrimiento progresivo de sus secretos, los enfrentamientos contra el
Pacto y la irrupción de los
Flood siguen funcionando muy bien incluso para estándares actuales. Además, el lavado de cara técnico ayuda enormemente a que muchos escenarios resulten más espectaculares que nunca. El problema es que, una vez superada la emoción inicial de volver a vivir la aventura, aparece una sensación constante de oportunidad desaprovechada. Estamos ante un remake que apenas amplía el contenido original y que podría haber ofrecido bastante más.

Las nuevas misiones independientes incluidas como complemento son probablemente el mejor ejemplo de ello. Sobre el papel parecen una idea interesante para ampliar el universo de Halo, pero en la práctica se sienten desconectadas de la campaña principal y muy inferiores en calidad a la aventura original. Más allá de servir como excusa para combatir algunas hordas adicionales de enemigos, aportan poco valor narrativo o jugable. Da la impresión de que se añadieron para justificar la existencia del proyecto más que como una expansión realmente significativa de la historia de Halo.