El corazón de 007 First Light está en el
sigilo, y aquí el juego brilla con luz propia. Las misiones se plantean desde la infiltración, con rutas alternativas, decisiones tácticas y un diseño que, sin ser tan abierto como algunos análisis han sugerido, sí consigue transmitir la sensación de libertad suficiente para que el jugador sienta que está tomando decisiones relevantes. Esa "libertad percibida" es uno de los mayores aciertos del juego: aunque las opciones reales no sean infinitas, la forma en la que están presentadas hace que cada misión se sienta diferente y que cada aproximación tenga su propio estilo.

La acción, aunque menos predominante, está bien integrada. Hay momentos en los que se siente algo forzada, con zonas repletas de enemigos que obligan a enfrentarse directamente, pero en general encaja dentro del tono del juego. No es un título de tiroteos constantes, y no pretende serlo: su identidad está en el espionaje, y las fases de acción funcionan como contrapunto sin romper la coherencia del conjunto. El control es fluido, preciso y coherente con el género, y la movilidad del personaje responde muy bien en todas las situaciones.

Los gadgets aportan variedad, pero su integración es mejorable. Elegirlos al inicio de cada misión sin saber qué tipo de situación te espera puede llevar a combinaciones poco útiles, y algunos gadgets tienen un impacto limitado en la jugabilidad. Aun así, el sistema es divertido y añade capas de decisión que enriquecen la experiencia. El reloj, por ejemplo, es un elemento clave que siempre aporta utilidad, mientras que otros gadgets pueden cambiar la forma en la que planteas una infiltración o una fase de acción. El juego podría haber comunicado mejor el tipo de misión antes de empezar, pero incluso con esa limitación, el sistema funciona y aporta personalidad y cierto toque de rejugabilidad, aunque es claramente un punto de mejora para una posible secuela.