A nivel jugable, uno de los grandes
aciertos de Silver Pines es apostar por las mecánicas y sensaciones del survival horror clásico y trasladarlas a una aventura de desplazamiento lateral, resolviéndolo todo en 2Ds. Controlamos a Red Walker, un investigador privado que tendrá que explorar el pueblo, registrar edificios abandonados, resolver puzles y enfrentarse a criaturas de pesadilla. Y precisamente aquí está el punto más débil del título, tenemos movimientos como correr, agacharnos, saltar, esquivar y utilizar diferentes armas a distancia o de fuego, pero la mecánica de combate es lo menos logrado, y tiene algunos puntos muy bruscos y un tanto injustos, especialmente contra los jefes del juego (y hay más de una decena)

Para mantener la tensión, la gestión del inventario y los puntos de guardado controlados son otro de sus elementos fundamentales, junto a un original sistema de recarga estilo QTE. Tenemos espacio limitado para transportar objetos (que iremos mejorando), armas que se rompen y podemos arreglar, munición muy contada, medicinas... y tendremos que decidir cuidadosamente qué llevamos encima y qué dejamos almacenado. Un punto que nos ha gustado mucho es como podemos ir utilizando las monedas que vamos encontrando en diferentes máquinas para comprar vida o munición, según lo que más necesitemos, adaptando un poco el desarrollo a nuestra forma de jugar.